La partida de Gastón Leandro marca el fin de una era para la noche marplatense. No era simplemente un músico de bares; era un motor de energía, un "showman" de pura cepa que entendía que el escenario era un lugar para la entrega absoluta.

Hay personas que pasan por el mundo y hay personas que lo empujan. Gastón Leandro era de los segundos. Y con su partida Mar del Plata se quedó un poco más en silencio, y es raro, porque si algo sabía hacer "el Gordo" era ruido del bueno.
Su amigo Charly Moreno dice que “con la guitarra sola levantaba un velatorio”, y no es una frase hecha. Gastón tenía ese superpoder de leer el aire de un lugar. Podía entrar a un bar de la calle Yrigoyen o a un casamiento con las familias peleadas y, en cinco minutos, tener a todo el mundo bailando en ronda. No era solo técnica (aunque tocarse el solo de Jijiji con la guitarra en la espalda no lo hace cualquiera), era carisma puro, efervescente y sin filtro.
Fue el compinche de zapadas de Charly García en las noches locas de los 90, se sacó fotos con el Diego y con Pappo, y se ganó el respeto de Mollo. Pero lo más lindo es que, para él, el escenario más importante era el que tuviera gente con ganas de pasarla bien. Fue el que le dijo a un pibe que era albañil que se animara a cantar, y así nació Santo Pecado. Porque Gastón no solo tocaba: armaba, unía y empujaba a los demás.
En los últimos años se lo veía distinto: más flaco, andando en bici, surfeando nuestras olas, cuidándose después de aquel susto. Pero la chispa era la misma. Esa que lo llevó, incluso en pandemia, a pelear para que los músicos pudieran volver a los bares, porque él sabía que la música es un trabajo, pero también es el aire que respiramos.
Se fue a los 52 años, demasiado pronto. Nos queda su disco, sus canciones propias y esa sensación de que, en algún bar de la Feliz, todavía suena su guitarra. Se fue un showman, un amigo y, como dijeron por ahí, la banda sonora de la vida de muchos marplatenses.
Gracias por las fiestas imposibles que hiciste realidad, Gastón. Ojalá donde estés haya una buena viola y el parlante esté bien al palo.